¿Ineficacia o desidia?
Bueno, el primer post del año luego de mucho tiempo. Si me preguntan el por qué de tanta demora podría argüir que no pude superarme a mí mismo luego del logro literario del post anterior. Modestamente.
Vivo en un edificio de 3 pisos habitado mayormente por simpáticos ancianitos a los que casi diariamente ayudo con las bolsas del supermercado porque soy un amor de persona y mi mamá me quiere mucho. En el primer piso vive un matrimonio compuesto por un señor que fuma mucho y una señora que, según se comenta en los pasillos, padece de alzheimer. Como si fuera poco, a esta pareja le tocó en gracia un hijo que es un hijo de puta. Cuarenta años aproximadamente, borracho, retrasado mental, impotente, disléxico, pelotudo, sucio y seguro que tiene el pito corto. Yo no quiero ser prejuicioso ni arriesgar una acusación precipitada, pero me parece que este engrendro les pega a sus padres, a juzgar por los gritos de auxilio de anoche a las 4 am. Con esta persona ya había tenido un "encuentro" una noche anterior a eso de las 4.30 de la madrugada en la que fui a pedirle que bajara el volumen de la televisión, a lo que obtuve una invitación a esperarlo abajo y pelear o la sugerencia de llamar a la policía. No pasó de ahí la cosa.
Ahora bien, yo pongo música a las 23 y vienen los bomberos, Defensa Civil, la OTAN y el Consejo de Seguridad de la ONU a exigirme un poco de decencia y sentido común y que deje de romper las pelotas a la gente que se levanta a las 6 am para trabajar. Y además eso que escucho, dios santo, puro ruido. Pero cuando este infradotado caga a trompadas a su vieja, haciendo incluso más ruido que yo, parece que nadie escucha nada, con lo que se me ocurren dos cosas:
1) que tienen miedo de dicha persona.
2) que en realidad, esa violencia hogareña se desarrolla en el más absoluto silencio y mis oídos, que funcionan en frecuencias inaudibles para el humano, logran captar los pedidos de ayuda.
Descarto la segunda opción, evidentemente más cool, al advertir que mis oídos funcionan dentro un muy acotado rango de frecuencias. Quedémonos con la primera, mucho más verosímil.
La cuestión es que fue mi madre la primera en oír la palabra "auxilio", yo estaba mirando la tele. Al bajar el volumen, escuché claramente el barullo en ese departamento y nuevamente la palabra "auxilio". Haciendo uso de una responsabilidad cuidadana, mi mamá llama al 101 (comando radioeléctrico) para poner en aviso a las autoridades policiales acerca del asunto y ya de movida se encuentra inmersa en un trámite burocrático al ser requeridos sus datos, número de cuenta bancaria y tipo de sangre. Le dijeron que primero tocarían nuestro timbre, así que decidí esperar abajo para que no bajara mi madre, no quería que, de haber disparos, vidrios rotos y gritos de consignas neonazis, mi santa mamita estuviera allí. Mi primer error fue el no haberme llevado los cigarrillos. 15 minutos y ni un puto agente de la guardia urbana, y la comisaría queda a 5 cuadras.
Al subir a mi casa ya no se escuchaba ningún ruido, o ese hijo de puta se había quedado dormido o había matado a la ancianita y estaba descuartizando el cadaver antes de freezarlo.
Le dije a mi mamá que volviera a acostar, que en la próxima reunión de consorcio sacaría el tema y propondría la formación de una Liga de la Justicia y que, por ser el de la idea, yo sería Batman. En fin, yo confío en que la ciencia descubra pronto el método por el cual un muerto pudiese declarar ya que la policía llega para apartar a las cámaras del noticiero y los curiosos. Pero como siempre digo, si yo tuviera un sable láser, esto no pasaba.

