usted ataca de nuevo o de cómo viajar en subte puede convertirse en una cruzada contra los impíos
Como primera medida agradezco a todos aquellos que no gustaron de mi último post; es verdad, es malo pero no me importa dado que en cualquier momento seré nombrado campeón del mundo en cualquier disciplina que no tenga nada que ver con "El más boludo de la galaxia" o algún adjetivo semejante. Sólo espero que tenga que ver con chicas y pasteles y su perfecta combinación.
Bueno, pasemos ahora al tema que nos atañe. Y el tema en cuestión no es ni más ni menos que el de viajar en subte a determinadas horas. Estoy seguro de que muchas otras personas, incluso más idóneas, lindas y capaces que yo, tocaron esta cuestión. Pero no es mi objetivo ser original. Mi objetivo es ser subjetivo y hablar de esto como mejor se me cante.
El movimiento en el subte consta de dos momentos del día: la mañana y la tarde. Omitiré directamente el primero porque yo duermo hasta tarde porque soy muy rockero y fumo cigarrillos. Pero bueno, supongo que las caras de culos y de sueño serán las mismas que a la tarde pero con el sol dando desde el río.
A eso de las 18 viajar en subte puede llegar a ser una odisea con cíclopes y sirenas y rapsodas y todo el elenco de la epopeya homérica pero más o menos adaptado a este siglo y hemisferio. Ya de entrada tenés al forro/a hijo/a de puta quien, no contento con demorarte con el simple hecho de haber llegado a la cola antes que vos, se queda comprando golosinas y gaseosas diet con la tranquilidad y concentración de quien sopesa una mandarina antes de morfársela. Y uno clama al cielo desesperado porque llega tarde y desea desfigurarle la jeta básicamente a trompadas. Pero como vivimos en una sociedad civilizada nos aguantamos con nuestra mejor y más obsecuente sonrisa. Ustedes cáguense de risa nomás, pero algún día, que espero no muy lejano, tendré mi propio sable láser y ahí los quiero ver, manga de putos. Bueno, al fin logramos comprar el subtepass y bajar a esperar nuestro medio de transporte más lindo y hermoso y adorable del mundo entero. Como yo soy re cheto de Belgrano me tomo el subte línea D en Congreso, lo que vendría a significar más o menos que siempre viajo sentado, con el opcional de poder elegir el asiento donde aplastaré el culo hasta la fatídica estación de 9 de Julio... y ahí es donde empieza la zaranda, conviniendo en que "zaranda" signifique algo no muy agradable y más bien incómodo.
Bueno, ahora me voy a acostar porque tengo mucho sueñito... pero mañana les termino de contar la cosa esta del sucte, lo prometo, en serio...
Como nadie se dió cuenta de que había post nuevo, lo sigo por acá en lugar de volver a escribir ese pedazo de título y agregarle alguna frase inteligentísima como por ejemplo "de cómo viajar en subte puede convertirse en una segunda cruzada contra los impíos". Bueno, eso. Continúo.
Quedamos en que uno llega a la estación 9 de Julio y ahí desea ser multimillonario y no tener que preocuparse por cuestiones tan triviales como volver a casa luego de una jornada laboral. NO. Lo primero con lo que te encontrás es estar protagonizando la primera escena de "Tiempos modernos" con la sola diferencia de que pocos metros más adelante el diario La Razón te regala un ejemplar para que, otros pocos metros más adelante, te lo pidan de onda para venderlo. SÍ. Luego de esta batallita te encontrás con las escaleras que descienden hasta el andén, lo cual, siguiendo una línea de comportamiento odiosa y exactamente igual a la anterior, sería nuevamente una escena de "Tiempos modernos". Beuno, la cuestión es que el andén esta repleto (cabe mencionar que yo me dirijo a Constitución), incluso se oye una voz de mujer avanzada en edad que pide monedas, pero quizás sea mi imaginación, porque en la puta vida pude verla. Así de lleno está el andén. Mi estrategia consiste en esperar con los puños en alto recordando los mejores golpes de Rocky y por qué no la frase de "córtame el párpado" contra la pared hasta que llegue el próximo tren y así poder estar al borde, sobre la línea amarilla. En este momento temo que alguien levante la mano para rascarse la oreja y me toque con el codo y yo, que no logro mantener el equilibrio fácilmente, caiga a las vías y muera electrocutado, pisado por el tren y de vergüenza porque no me gusta caerme delante de mucha gente. Pero ese temor dura poco y deja pasar a otro temor aún más grande porque en ese instante llega el bendito subte y frena justo ante mí donde se abrirá la puerta que me llevará al infierno. Y si digo "infierno" es nada más porque mi contextura no me permite ser campeón de rugby ni de levantamiento de pesas, mucho menos de catch o de tae bo compitiendo con señoras ya entradas en años. Y esto se debe a que los que bajan quieren bajar YA y los que suben quieren subir YA, teniendo por consecuencia una vorágine colosal en el medio de la cual me encuentro no sabiendo si entrar en pánico y cazar moscas imaginarias o creerme en medio del pogo de un recital de Flema. Y así como Ulises escapó de la cueva de Polifemo colgado de un carnero (¿o era una oveja?), yo logro subir colgado del saco de un gordo. Ya estoy dentro pero no soy feliz. Para nada. Y bueno. El subte arranca y por suerte son pocas las estaciones hasta Constitución y por única vez le encuentro utilidad a mi falta de olfato ya que el ambiente sólo puede oler de determinada manera, y esa manera poco tiene que ver con Glade ni con el insufrible-pendejo-de-Vivere (ése que dice "chuavechito", grrrr). En fin, llego a mi destino agradeciendo a todos los santos y ruego por la construcción de la línea de teleférico MI CASA - SICA. Y así es cómo espero que alguno de ustedes se ofrezca a llevarme todos los martes a las 19 horas, me compre un café y me lleve de regreso a casa parando antes para invitarme a cenar. Estudiar tanto me da hambre. Chau.

