miércoles, abril 27, 2005

Festivaleros

Pongámonos de acuerdo: en Buenos Aires podés caminar cuadras y cuadras y no encontrar un puto tacho de basura donde arrojar el boleto del colectivo y la botellita de coca (no compren este producto en el kiosko de Cabildo y congreso porque la venden más cara que el precio sugerido) e ir con esto en la mano ante risitas socarronas y acaso alguna que otra puteada o alusión a una supuesta inclinación sexual poco aceptable de nuestra parte pero, ESO SÍ, tenemos un prestigioso festival de cine. Bueno, no es mi intención inmediata darle a esto un cariz contestatario ni mucho menos denunciar los baches en las calles y la mafia de los que te arrebatan de las manos el diario La Razón que tan gratuitamente te entregan al hacer combinación en el subte. No. Sólo quiero hacer referencia a los asiduos de este festival.
Por un lado tenemos a las señoras que cayeron ahí de casualidad confundiéndose el nombre de Meg Ryan con algún director chino y que terminan a los ronquidos con el subsiguiente atragantamiento con pochoclos haciendo parecer la épica pelea Bush - Pretzel una trifulca de pendejas tirándose del pelo en el patio del cole. Estas señoras por lo general se levantan a la mitad de la proyección y vuelven a su casa víctimas de un dilema existencial sólo curable tras una alta dosis de rayos catódicos con forma de Susana Giménez y telenovelas con la Nancy Dupaá. Pero bueno, al menos concedámosle nuestro reconocimiento a su sinceridad al levantar el culo de la butaca cuando se pudrieron de la peli.
Porque después están los que se quedaron hasta el final, incluso hasta la ronda de preguntas con el director, al que por lo general lo escolta una atractiva traductora que, mientras nos reproduce en entendible y bien articulado castellano que la tesis del alemán delirante que dirigió fue la de que "los edificios perduran más que los cuerpos" (esta estrambótica asertación la escuché yo mismo con mis mismísimos oídos), uno piensa en cuántos idiomas sabrá decir "¡Garchame toda, papito!" Así las cosas, uno tiene que soportar preguntas tales como si es Pasolini un referente ineluctable en la obra del mentado alemán por el simple hecho de que el tipo te mostró durante una película que dura 54 décadas en una hora y media (qué raro es el tiempo, ¿no?) unos tipos en pelotas culeándose de lo lindo en posiciones dignas del Kama Sutra. Pero ojo, no todo está perdido siempre y cuando salte algún vengador anónimo a preguntar DE QUÉ TRATA LA PELÍCULA. Ése es un genio, esa persona tendría que presidir el jurado, ni más ni menos.
Y bueno, los infaltables, los insufribles, los detestables intelectualoides estudiantes de cine. A estos individuos se les hace agua el orto durante el tiempo
que dura el festival. Habitués de salas como el Cosmos, Lorange, Lorca y por qué no el recién inauguradito y reciclado Savoy en versión cine de autor, los cinéfilos del siglo XXI se apostan en el cine cargando el obligado libro del festival, el programa y toda su aversión hacia la factoría hollywoodiense.
Inconfundibles, son un híbrido malogrado entre Tim Burton y Fito Páez; esto quiere decir, son clones de Nahuel Mutti. DETESTABLES rulos y pose desgarbada que nos les darías para sostener ni una puta cámara a ver si se lastiman, o peor, a ver si te arruinan el video de cumpleaños de la tía Maruca con lo que llamarían "experimentación semiótica aplicada a la praxis audiovisual" y que consiste en torcer la cámara. ¡Dios, no!
Lo mismo con las chicas de este grupo. Y, si por casualidad querés tener sexo con alguna de ellas, no hagas como yo que, borracho como estaba, no entendí bien el nombre de Wong Kar Wai para confundirlo con el de Oscar Wilde y acabar de rematar la estupidez y las posibilidades de un poco de garche esa noche con un muy beodo "Si Oscar Wilde hiciera cine, a Dorian Gray lo interpretaría Santiago del Moro". No, flaco. NO. Pero bueno, si aún así querés caer bien a esta gente, podés utilizar alguna de las siguientes palabras en tus disertaciones cinematográficas:
- Poética
- Sensibilidad estética
- Plano secuencia
- Tiempo del relato
- Profílmico
- Diégesis
- Cine iraní
- Glauber Rocha
Y no olvides que tenés que odiar a Hollywood y toda su maquinaria de pentetración cultural, esparcidora de un imaginario y una ideología aberrantes, no comer pochoclos, poner cara de culo si tus amigos se cagan de risa con "Los bañeros más locos del mundo II: la playa loca", desear con fervor religioso que si algún día hacés una peli les guste a los de El Amante antes que a Diego Lerer de Clarín, escribir guiones relocos que vos y sólo vos entendés y que en un acto de extrema sensibilidad estética (véase punto anterior) llamaste "El otoño de una plantita injertada en el corazón de un chico incomprendido", no alquilar videos en blockbuster (o al menos que nadie te vea hacerlo) y sí alquilar en Liberarte (y que todos te vean hacerlo). Chau.

Ah, otra cosa: antes de que cualquier pelotuda salga diciendo que defiendo el cine yanqui aclaro que me gusta todo el cine y trato de ver lo más variado posible pero que, sin embargo, es innegable que existen películas norteamericanas geniales (Casablanca, The General, Gone with the wind, Singin' in the rain, y un largo etcétera). Negarlo es de idiotas y, ante cualquier duda, gritar a viva voz "¡pongan una comedia en colores!"