No cambie de canal
Hoy habrá un gran show. Todos atentos e idiotas frente al televisor que dice cómo amar, vivir, cantar, reir, saltar, sentir, cagar, morir, crecer, posar, beber, mirar, hacer, crear, pertenecer...
Adopto la frase "si comprar esto te hace feliz, entonces yo también puedo comprar tu felicidad". Hasta qué punto se ha desvirtuado todo, hasta qué punto la masificación de falsas necesidades se ha extendido y ha ido cubriendo las cabecitas de las personas, hasta qué punto pregunto encima yo, idiota de mí, que justo ahora recuerdo que desde siempre la vestimenta y demás accesorios fueron marcas de status, de diferenciación, la misma diferenciación que en escasas situaciones se da para escapar a lo uniforme, sino que, muy por el contrario, se presta a una marcación de corte discriminatorio, de yo-tengo-más-que-vos, de ser alguien más, de no ver.
¿Qué es ser fiel a sí mismo, a sus convicciones? Si muchas veces la ideología, si no impuesta, es menos "felizmente" adoptada de aquí y allá a conveniencia. Las buenas influencias son aquellas con las que uno se cree mejor persona que el que tildamos de equivocado. ¿Existen buenos o malos referentes? Yo creo que sí, pero por lo mismo que decía, de sentirse cómodo, peleador y no un aportador pasivo, hacedor de revistas de crucigramas, resolvedor de enigmas de concurso televisivo.
Esto que digo no es nada nuevo. Pero la gente no te escucha, y la culpa principal es la propia al perderse uno en la misma vorágine fantasiosa, abigarrada y sugerente del combo con papas y gaseosa.
Yo mismo soy culpable y cómplice, yo tengo msn.

