Vida y obra de Alberto Meinkhaimer. Tercerca parte: "Hasta el cierre de esta edición"
Año 1983. Con la vuelta de la democracia, Meinkhaimer decide retornar al país con la inquebrantable esperanza de retomar su trabajo profesional. Contento por estar nuevamente en su Buenos Aires natal, Meinkhaimer no hace concesiones de ningún tipo. Muy por el contrario, en marzo de 1984 publica su ensayo "Poco ruido y muchas heces", obra que vuelve a ponerlo en el centro de la discordia. La imagen pública de Meinkhaimer retoma la posta de las discrepancias y sale con los tapones de punta en todos y cuantos programas periodísticos fuera invitado. Es memorable la respuesta con que fulminó a Bernardo Neustadt durante una entrevista en la que el periodista lo tildó de "anarquista".
BERNI: Pero usted, Meinkhaimer, no votó... Viene al país, se queja de todo y encima no vota. Usted es un anarquista.
MEINKHAIMER: Yo no boto porque no soy pelota o barco al cual botar. Pronuncie bien la "v" corta y hablamos...
BERNI: Bueno, usted no votó. ¿Ahora está contento?
MEINKHAIMER: No voté porque perdí el DNI... Y le digo más, en uno años a usted se le verá un huevo en la playa y será tapa de revista...
Más o menos para esta época la facultad decide reconcer sus méritos y le ofrece tener su propia cátedra. Alberto accedió al cargo porque consideraba, más excatamente porque estaba convencido, de que era lo más natural debido a su trayectoria y experiencia como docente e investigador, y no porque de repente estaba de moda quedar bien con Meinkhaimer. Esto lo hizo patente en el acto hecho en su honor cuando, delante del auditorio, dijo: "Darme esta cátedra no sólo me habilita a ejercer sin más contemplaciones mis derechos como docente (...) sino también a calificar con números negativos si se me canta el orto." Alberto estuvo al frente de su clase hasta el año 1997, cuando advierte que la realidad contradecía y superaba con creces todo aquello en lo que pensaba y trataba de inculcar a sus alumnos. Era el momento de detenerse y reflexionar, de modo que decide comenzar a hacer ejercicio al haber dejado de lado su estado físico por tantos años. Corre el maratón de la ciudad pero lo descalifican al verlo tomar un taxi durante el último tramo en la Avenida 9 de Julio.
Nuevamente la opinión pública vuelve a excomulgarlo de todo, e incluso se inicia una caza de brujas bajo el muy poco sutil rótulo de campaña publicitaria en su contra, acusándolo de anti-argentino: el slogan rezaba "Pasemos el domingo viendo a Boca y no yéndonos de boca", acompañado por la imagen de Meinkhaimer. Paria, desamparado, lumpen, Meinkhaimer no tiene otra opción que confinarse en su casa en las afueras de la ciudad y, parapetado detrás de numerosos cajones de cerveza, y armado con un rifle de aire comprimido, dispara contra la tan inveterada estupidez periodística que lo acecha incluso cuando duerme (Maradona inicia acciones legales por plagio de esta acción pero llegan a un acuerdo comiendo un asado con Fidel Castro como mediador).
Y así llegamos al año 2000. Con un Meinkhaimer más desilusionado que nunca, el nuevo milenio discurre entre devaluación, protestas y la moda del retro rock. Con la asención del presidente Kirchner, se atisba en Alberto un ápice de esperanza que pronto se diluye cuando argumenta que el presidente lo "había mirado mal, como de reojo". El flamante presidente toma esta declaración como un agravio hacia su fisonomía. En la actualidad, Meinkhaimer se desempeña como colaborador independiente en publicaciones y páginas webs que no tengan nada que ver con nada, encontrando en la incoherencia y la poca seriedad (vistas a los ojos de sus detractores) las armas con que pelearle a la tontería generalizada.

