lunes, septiembre 27, 2004

Vida y obra de Alberto Meinkhaimer. Tercerca parte: "Hasta el cierre de esta edición"

Año 1983. Con la vuelta de la democracia, Meinkhaimer decide retornar al país con la inquebrantable esperanza de retomar su trabajo profesional. Contento por estar nuevamente en su Buenos Aires natal, Meinkhaimer no hace concesiones de ningún tipo. Muy por el contrario, en marzo de 1984 publica su ensayo "Poco ruido y muchas heces", obra que vuelve a ponerlo en el centro de la discordia. La imagen pública de Meinkhaimer retoma la posta de las discrepancias y sale con los tapones de punta en todos y cuantos programas periodísticos fuera invitado. Es memorable la respuesta con que fulminó a Bernardo Neustadt durante una entrevista en la que el periodista lo tildó de "anarquista".
BERNI: Pero usted, Meinkhaimer, no votó... Viene al país, se queja de todo y encima no vota. Usted es un anarquista.
MEINKHAIMER: Yo no boto porque no soy pelota o barco al cual botar. Pronuncie bien la "v" corta y hablamos...
BERNI: Bueno, usted no votó. ¿Ahora está contento?
MEINKHAIMER: No voté porque perdí el DNI... Y le digo más, en uno años a usted se le verá un huevo en la playa y será tapa de revista...
Más o menos para esta época la facultad decide reconcer sus méritos y le ofrece tener su propia cátedra. Alberto accedió al cargo porque consideraba, más excatamente porque estaba convencido, de que era lo más natural debido a su trayectoria y experiencia como docente e investigador, y no porque de repente estaba de moda quedar bien con Meinkhaimer. Esto lo hizo patente en el acto hecho en su honor cuando, delante del auditorio, dijo: "Darme esta cátedra no sólo me habilita a ejercer sin más contemplaciones mis derechos como docente (...) sino también a calificar con números negativos si se me canta el orto." Alberto estuvo al frente de su clase hasta el año 1997, cuando advierte que la realidad contradecía y superaba con creces todo aquello en lo que pensaba y trataba de inculcar a sus alumnos. Era el momento de detenerse y reflexionar, de modo que decide comenzar a hacer ejercicio al haber dejado de lado su estado físico por tantos años. Corre el maratón de la ciudad pero lo descalifican al verlo tomar un taxi durante el último tramo en la Avenida 9 de Julio.
Nuevamente la opinión pública vuelve a excomulgarlo de todo, e incluso se inicia una caza de brujas bajo el muy poco sutil rótulo de campaña publicitaria en su contra, acusándolo de anti-argentino: el slogan rezaba "Pasemos el domingo viendo a Boca y no yéndonos de boca", acompañado por la imagen de Meinkhaimer. Paria, desamparado, lumpen, Meinkhaimer no tiene otra opción que confinarse en su casa en las afueras de la ciudad y, parapetado detrás de numerosos cajones de cerveza, y armado con un rifle de aire comprimido, dispara contra la tan inveterada estupidez periodística que lo acecha incluso cuando duerme (Maradona inicia acciones legales por plagio de esta acción pero llegan a un acuerdo comiendo un asado con Fidel Castro como mediador).
Y así llegamos al año 2000. Con un Meinkhaimer más desilusionado que nunca, el nuevo milenio discurre entre devaluación, protestas y la moda del retro rock. Con la asención del presidente Kirchner, se atisba en Alberto un ápice de esperanza que pronto se diluye cuando argumenta que el presidente lo "había mirado mal, como de reojo". El flamante presidente toma esta declaración como un agravio hacia su fisonomía. En la actualidad, Meinkhaimer se desempeña como colaborador independiente en publicaciones y páginas webs que no tengan nada que ver con nada, encontrando en la incoherencia y la poca seriedad (vistas a los ojos de sus detractores) las armas con que pelearle a la tontería generalizada.

lunes, septiembre 13, 2004

Vida y obra de Alberto Meinkhaimer. Segunda parte: "Juventud, juventud tardía e incipiente madurez"

Corría el año 1965 y Alberto, que antes que correr prefería tomar el colectivo, le iba detrás por culpa de los semáforos. A punto de cumplir los 20 años, ya era un destacado estudiante univesitario y eximio investigador. A la par de sus cursos de Sociología, Alberto dirigía, redactaba y publicaba la revista "Refutaciones", publicación independiente desde cuyo título ya se discernía la postura contestararia de la misma. La revista sólo duró un número con una tirada de 1500 ejemplares que fueron utilizados como manteles descartables cuando se abrió el comedor de los estudiantes. El poco éxito se atribuye a la declaración de principios que, desde las primeras páginas, denostaba al cuerpo docente, estudiantil, personal de mantenimiento, Dios y María Santísima. A continuación, un extracto del texto en cuestión:
"Refutar no es futar nuevamente, puesto que no estoy seguro de que dicho verbo exista..."
"... y quienes llevamos adelante esta publicación adquirimos el compromiso ineluctable de contraponernos sistemáticamente a la estupidez generalizada y al espíritu mediocre de la gran mayoría de personas que transcurren por esta Facultad. Usted mismo puede ser uno de ellos, y usted mismo puede dejar de serlo."
"La estupidez es un profesor obtuso y un alumno que hace la tarea."
Creo que estos fragmentos son suficientes para ilustrar el tono con que Alberto decidió perder nuevamente sus ahorros imprimiendo esa revista. Desterrado del stablishment intelectual de la Universidad, Alberto se dedicó a terminar sus estudios a la par que comenzaba a flirtear con la política. A esta altura de su vida, Alberto decidió que era hora de hablar a nivel nacional. Sus detractores dijeron que "quería cagar más alto de lo que le daba el culo"; no obstante, y aún sigue siendo un misterio, logró juntar las firmas requeridas para fundar su propio partido y presentarse a las elecciones. La campaña no fue del todo buena, terminando todos sus actos con disturbios por parte de agrupaciones de derecha y de izquierda que lo tildaban de Trotskista. Alberto no se dejaba amedrentar y continuaba sus continuas diatribas contra todo y todos frente a un muy bonito auditorio vacío. Nadie puede saber cómo pudo haber terminado su carrera política porque durante la veda electoral fue encontrado ebrio insultando a un taxista en la Avenida Cabildo. Confinado a la Isla Martín García, Alberto planea escribir sus memorias. Lo deja muy pronto al recordar que no recordaba casi nada y por eso las había escrito años antes y guardado en un cajón de su escritorio. Hoy esos textos están desaparecidos.
Su reclusión duró 4 años. Tres y medio más de lo establecido. Parece que el guardia perdió la llave de la celda o algún chistoso la escondió y se fue de vacaciones. Al llegar a Buenos Aires, lo único que lo esperaba eran las cuentas de gas, electricidad, teléfono, barrido y limpieza, etcétera. Quiso demandar al Estado pero pronto cayó en la cuenta de que su abogado era uno de los principales sospechosos en el asunto de la llave de la celda. Por primera vez en su vida, Alberto se sintió abatido. El clima político nacional anunciaba cambios radicales y no muy buenas épocas. Aún en libertad, continuaba la persecusión ideológica y el hostigamiento moral (intelectualicuac). Es de esta manera que Alberto opta por el exilio. Viaja a México, Francia, Italia. Duras épocas le esperaban a Meinkhaimer. Otro chistoso le había cambiado el pasaporte y pasaba extensas horas dando explicaciones. A sus interlocutores les importaba una mierda si su abogado era un flor de hijo de puta.

NOTA: Para los pormenores y demás minucias de la vida pública, púbica y privada de Meinkhaimer en el exterior, consultar su "Diario de viejo".

martes, septiembre 07, 2004

Vida y obra de Alberto Meinkhaimer. Primera parte: "Nacimiento, niñez y adolescencia"

Para entender la vida de tamaña eminencia habría que situarse, antes que nada, desde una distancia más bien prudencial, a salvo de olores y demás ignominias producto de la casi nula higiene del doctor. Sí, estoy hablando de nuestro amable colaborador el Dr. Alberto Meinkhaimer.
Esta personalidad nace el 17 de octubre de 1945 en la cuidad de Buenos Aires. Fecha convulsa de la historia argentina del siglo XX. No queriendo justificar las posteriores conductas y exabruptos protagonizados por el Dr., y solamente poniéndome en papel de mero cronista e improvisado biógrafo del mismo, diré que ya su nacimiento estuvo signado por lo atípico. No bien nació sus padres quisieron bautizarlo porque esa misma tarde partían en viaje hacia Ecuador, no encontrando mejor lugar que la fuente de Plaza de Mayo, entre la multitud manifestante que abogaba por la libertad del General Perón.
Luego de pasar sus primeros cuatro años de vida en aquel país, su familia retorna a la Argentina para que Albertito pudiera comenzar sus estudios primarios, teniendo la mala suerte de que se habían traspapelado los documentos del infante, por lo que se vio demorado allí unas pocas semanas. Sus padres lo visitaban a diario y le llevaban comida y abrigo. Albertito no entendía un carajo de lo que sucedía y se dedicada a mearse encima.
Al ingresar al colegio, ya perfilaba esa personalidad indagadora, inquisitiva, que más tarde lo convertiría en quien es ahora. Desde pequeño desarrolló una cualidad excepcional en la oratoria y fueron proverbiales sus disquisiciones sobre cuanto tema de interés interesara a los niños de esa edad. También descollaba en Artes, pero eso no importa. Lo que importa es la actitud inconformista de Albertito quien, no aceptando las cosas como dadas, pronto se convirtió en el rompebolas que cuestiona todo y entorpece el desarrollo de la clase. Aún recuerda ese día en que, tras haber discutido con la maestra acerca de la ideología de Sarmiento, fue expulsado del aula, ganándose una suspensión y una soberana cagada a trompadas por parte de sus compañeros que ensayaban la obra para el Día del Maestro (padre del aula, Sarmiento inmortal). Resumiendo, la escuela primaria pasó entre palizas, suspensiones y ninguna invitación a las fiestas de cumpleaños.
Llegaron los 13 años de edad y con ella la escuela secundaria, el acné y el despertar sexual. Tras ingresar con excelente promedio al Nacional Buenos Aires, Alberto se encontró con que las cosas no habían cambiado demasiado: el positivismo aplicado a la educación y por qué no a todos los aspectos de la vida y la historia seguían creando un ejército de imbéciles que serían "los líderes del mañana". Alberto decidió pasar los exámenes escribiendo lo que los profesores pedían pero se tomaba licencias tales como la siguiente:
PROFESOR DE HISTORIA: El régimen feudal postulaba una sociedad dividida en estamentos inalterables. Es decir, si uno nacía noble, noble quedaba. Lo mismo pasaba con los campesinos.
ALBERTO: Pero... ¿y si por una de las vueltas de la vida el campesino se ganaba la lotería?
PROFESOR DE HISTORIA: Retírese del aula, Meinkhaimer.
Ésa es una de las tantas salidas con que salía Alberto durante las aburridas clases. Así fue que decidió que algún día sería profesor y cambiaría desde adentro el sistema educativo. Pero no nos adelantemos. Ahora hay que mencionar la primera experiencia sexual de Alberto. Cabe mencionar que las siguientes escenas de sexo* no tienen otro objeto que el de volver a captar la atención del a-esta-altura-aburrido-lector. Escuchando las proezas amatorias de sus compañeros, Alberto decidió que era tiempo de dejar la puñeta al menos por una horita e irse a ponerla algún piringundín. Fue así que, tomando sus ahorros, entró al primer prostíbulo que encontró y, citando al Poeta, dijo: "Mujer, cuyos ojos son saetas, déjame mirar tu par de tetas / Mujer, yo sólo quiero amarla, y entre sus piernas colocarla / Mujer, de piernas impolutas, acepte mi dinero, que por algo es usted puta." Los allí presentes no supieron qué hacer primero: si romperle el culo a patadas y sacarle la guita o al revés. Tras breve deliberación concluyeron que el orden de los factores no altera el producto e hicieron ambas cosas simultáneamente. Alberto debutó años más tarde con una señorita que conoció en un baile. Parece que esa noche dijo las palabras indicadas y fue un momento muy lindo.

Hasta aquí los primeros 15 años de la vida de este gran hombre. Es todo por el momento, perdón por la espera y me despido ordenándoles querer a Meinkhaimer.

* jajajaja, no hubo escenas de sexo, pero seguro terminaron de leer, ¿no? pajerlicuac.-