Antes que nada quisiera agradecer a las dos personas que tan desinteresadamente han sugeridos sendos temas de conversación. El resto puede quedarse a leer pero quiero que sepan que su café tendrá un toque "exótico".
Bueno. Para empezar necesito hacer una breve contextualización geográfico-sociológica: el mar, a partir de ahora será Mar del Plata y con algo de ganas Villa Gessel. Las montañas (odiosas si las hay) serán las comprendidas entre San Martín de Los Andes y la Comarca Andina del Paralelo 42, y un poco más abajo por qué no, hasta Esquel. La sociedad argentina estará comprendida por toda la población económicamente activa (qué serio sonó eso, hasta suena verdadero y todo).
Siguiendo los versos de la gran epopeya homérica, "puedo vivir en el mar, el mar todo lo perdona, no como esas viejas y odiosas montañas", podemos inferir ya una metáfora o más exactamente un parangón con la sociedad actual argentina. O incluso me atrevo a decir que, al igual que los perros son las viva imagen de sus dueños, las montañas y el mar asimilan características de sus habitantes. Iba a decir que la culpa es de Dios por hacernos a su imagen y semejanza pero me iría un poquito a la mierda.
El mar, vasto, inconmensurable, metáfora de la eternidad, perfecta locación para la típica escena de amor pelotuda donde uno puede esgrimir una sarta de cursilerías para lograr el tan anhelado fucki-fucki, no es más que una ilusión. Una empresa ha ganado la licitación de casi todos los balnearios de Mar del Plata y ahora hay que abonar una entrada, hacerse exámen médico y dejar un depósito por cualquier daño que los subnormales de tus hijos pudieran ocasionar. Y la cosa no termina ahí: han instalado un pequeño artilugio junto a la orilla donde hay que depositar una moneda para activar el sistema de olas. Sí, las olas se pagan; ¿o qué mierda creían? Ni hablar de la venta ambulante en las playas. Algunos de los vendedores ahora usan un ridículo uniforme que dice "Policía" y otros se han dedicado a protestar, siendo acribillados por aquéllos durante el último piquete en Punta Mogotes (se comenta que Michael Moore y Pino Solanas están preparando un documental sobre el tema... eso o se juntaron a comer un asado y armaron un torneo a ver quién comía mas morcillas, no estoy seguro). Bueno, como consecuencia de la privatización de los balnearios marplatenses, ahora tenemos que ya no hay vendedores de barquillos ni cualquier otra boludez que uno compra en la playa, no hay más pendejos molestos corriendo por todos lados y llenándote los huevos de arena, no hay más señoras voluminosas comiendo churros rellenos con dulce de leche y haciendo crucigramas... Sólo tenemos promotoras de culos inefables vendiéndote cosas que no importan pero dios santo, ¡qué pedazos de culos, mama mía! Y el mar, al igual que quienes vendimos el alma, supo perdonar. Me parece que más que bueno y comprensivo, el mar es un pelotudo.
CONTINÚA EN EL PRÓXIMO POST PORQUE ANDRÉS ME DIJO QUE ERA MUY LARGO.-